miércoles, 26 de octubre de 2016

Programa: Orientación en crianza


Primer módulo: Tres sesiones
  •  Características y necesidades del niño (Según la edad y Etapa de Desarrollo)
  •  Beneficios del juego en el desarrollo del niño
  •  Disciplina: Firmeza y Ternura
Segundo módulo: Tres sesiones
  • Problemas frecuentes que pueden presentar los niños
  • Situaciones que desestabilizan a los niños
  • Situaciones críticas (Enfermedades, Divorcio, Ausencias)

Tercer módulo: Tres sesiones
  • Favoreciendo la inteligencia emocional y social de los niños
  • El reto de ser padres en los tiempos de hoy
  • Uso de la tecnología: Beneficios y Riesgos


Dirigido a Padres de Familia: 
Dos modalidades: Individual (Pareja de Padres) y en Talleres                                                            

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Acoso entre niños

“Hace unos días escuchaba a una madre preocupada porque su niña de 7 años no quiere ir al colegio y llora continuamente diciendo que en los últimos meses del año pasado, las demás niñas no le dejaron jugar, la insultaron y se burlaron de ella, teme que eso vuelva a suceder”.
Esto nos lleva a preguntarnos ¿se trata de acoso entre niños?, ¿esa actitud está intimidando a la niña? ¿qué está ocurriendo con los niños que agreden?
Quizás podemos señalar que cuando hablamos de acoso entre niños, nos referimos al comportamiento agresivo que recibe un niño por parte de sus compañeros, que suele ser intencional y reiterativo a lo largo del tiempo.  Mediante el cual el pequeño  agresor establece una relación de poder y dominio, busca hostigar, intimidar, dañar, asustar, amenazar, atentando con la estabilidad emocional del otro niño. Pueden ir desde agresiones psicológicas verbales (burlas, insultos, enviando mensajes insultantes por medio del correo) y no verbales (hacer gestos groseros, miradas de desprecio, ignorar, aislar, excluir) hasta agresiones físicas (patadas, peleas, tirones de pelo).
Probablemente el niño agresor tenga dificultad en ponerse en el lugar del otro y viva una relación familiar poco afectiva. Mientras que el niño victima puede tener una baja autoestima, angustia, es más sensible, frágil y no puede reaccionar defendiéndose.
Cómo podemos ayudar los padres?
  • Participar e involucrarse en las actividades de la vida escolar. Tratar de mantener  comunicación con los profesores del colegio.
  • Establecer contacto con los otros padres del grado, conformando una red de comunicación para que se informen lo que sucede con sus niños en el  colegio.
  • Mantener canales de escucha y diálogo que permita al niño la confianza en manifestar situaciones o incidentes que le hagan sentirse incómodo. Ayudarle a expresar sus sentimientos.
  • Entender su malestar, poniéndose en su lugar, comprendiendo lo que está sintiendo.
  • Procurar que el padre  controle sus reacciones, evitando gritar y censurar.
  • Observar la actitud del niño como una manera detectar señales de agresión.
  • Fomentar la autoestima del niño.
Ivonne Santiváñez Pineda

Psicóloga-Psicoterapeuta

lunes, 22 de agosto de 2016

¿Realmente no hay tiempo?

Cada vez escuchamos las expresiones “¡No me alcanza el tiempo para todo lo que tengo que hacer con mis hijos….!”, no tengo tiempo para apoyarlo en sus tareas… ”no hay un momento para estar relajados, para jugar…”, “todo el tiempo tengo que supervisar las actividades programadas (horarios de escuela, talleres a los que asisten los niños en las tardes, etc.).
Nos preguntamos cómo era la vida hace algunas décadas. Si pensamos en  hace cuarenta años, pocas mamás trabajaban y estaban en sus casas atendiendo a los hijos. Hace veinte años el asunto empezó a cambiar: la mayoría de las mamás ya salían a trabajar fuera de casa y los psicólogos que nos dedicábamos a los niños nos hacíamos preguntas como  ¿qué pasaría con los niños dentro de la nueva estructura familiar".

Actualmente no sólo por el trabajo, sino por las múltiples ocupaciones que las personas hemos venido asumiendo, el tiempo no nos alcanza.
Pensando en ello vemos, que hay mayor exigencia y demanda en el campo laboral, continuamente los padres deben estar perfeccionándose y para hacerlo sacrifican el tiempo en familia.
Por otro lado muchas veces no sabemos priorizar y no decimos NO puedo ante una demanda, sentimos que todo lo podemos hacer, pero eso tiene un costo.
Hoy en día los niños asisten, en su mayoría, a talleres extracurriculares (deporte, música, danza, artes marciales, dibujo, pintura etc.), que pueden ser en el mismo colegio o en lugares especializados. Si bien es bueno ofrecerle al niño diversas oportunidades de expresión, también en muchos casos resulta siendo una sobre exigencia, pues no se le deja tiempo libre para descansar, elegir qué hacer, compartir con la familia.
Efectivamente debe haber un cambio, pues los niños necesitan de sus padres, no es cierto que sólo necesiten calidad  de tiempo y por eso con unos veinte minutos de buena sintonía con el niño es suficiente, porque están plenamente dedicados a él.
Los niños necesitan también cantidad de tiempo, vale decir presencia de sus papás, sentirlos cerca compartiendo algún juego u otra actividad, así como que cada uno estén  realizando algo propio, pero sabiendo que los papás están ahí para lo que necesitan.
Dejamos a la creatividad de cada familia el encontrar esos espacios de un rico compartir y no  dejarse atrapar  en la carrera en la que estamos inmersos de atender lo urgente, dejando quizás de lado lo que es más importante.

Carmen Fernández G. 
Psicóloga-Psicoterapeuta

domingo, 3 de julio de 2016

Expresiones, mensajes que no deberíamos decirle a un niño

Iniciamos nuestra reflexión recordando un principio básico en psicología infantil que es que los niños deben sentir desde el primer instante de su vida es el amor de sus padres y de quienes están en su entorno. Todo niño debe sentirse sostenido, acogido, por mamá y papá, pues esa es la base para que desarrolle un sentimiento de confianza en quiénes lo cuidan, lo que favorecerá  un sentimiento de seguridad en sí mismo y en su entorno.
Partiendo de esta premisa no resulta difícil plantear cuáles son las expresiones y mensajes que no favorecen un desarrollo emocionalmente saludable.
Pensemos en un recién nacido, las actitudes de la madre al sostenerlo, darle el pecho, vestirlo, bañarlo que no van acompañadas de un gesto cariñoso, de una mirada de afecto, sino más bien de fastidio, cansancio, indiferencia y hasta rechazo, son cosas que se dicen no verbalmente, pero sí gestual y corporalmente que generan un sentimiento de inseguridad en el niño.
Cuando va creciendo y nos dirigimos a él en un tono imperativo, como un ¡No! frente a diversas situaciones, el niño lo interpreta como que es rechazado.
Resultado de imagen para una mamá le dice a su hijo porque te portas malExpresiones durante la crianza, en el establecimiento de límites, en que se le pide que se comporte de una determinada manera y cuando no lo hace le decimos “por qué te portas mal, ya no te quiero”. Debemos tener presente que el amor al niño es incondicional, que no depende de cómo se comporta. Por ello cuando corregimos una conducta hay que poner énfasis en que lo que está mal es la conducta, no el niño.
Evitar las comparaciones: “mira cómo tu hermano que es menor, sí sabe portarse bien” o “todos los niños de tu edad ya hacen bien lo que te decimos, por qué tú no puedes”, o “qué pasa contigo que todo lo haces mal”. Todo comentario que melle la autoestima del niño, sólo contribuye a reforzar un sentimiento de que algo malo tiene él, por ello deben evitarse.
Manifestarle que ya estamos cansados de nuestra labor como padres, o que no sabemos qué debemos hacer: “me canso de repetirte las cosas, tienes que obedecer a la primera”, o “no sé qué hacer, hago una serie de cosas y nada resulta, finalmente haz lo que quieras”. Expresiones de ese tipo lo desorientan, pues si sus padres ya no saben qué hacer ¿entonces quién se podrá hacer cargo de él?
En el proceso de aprendizaje escolar manifestarle fastidio por qué no entiende: “ya te lo expliqué, no entiendo por qué no lo haces bien”. El niño sentirá que no es un buen alumno y rechazará la etapa escolar.
Formemos niños seguros y no le digamos nada que cuestione nuestro cariño ni merme su autoestima.

Carmen Fernández G.
Psicóloga-Psicoterapeuta
Miembro del Equipo Directivo
                          www.centrodeasesoriapsicologicatikay.com

domingo, 22 de mayo de 2016

CÓMO FORMAR EN VALORES A LOS NIÑOS

Cuando hablamos de formar en valores lo primero que debemos pensar es cómo incorpora el niño estos valores. Un niño se identifica primero con sus padres, familiares y luego también con personas del entorno de la escuela y la sociedad.
Sabemos que lo más importante es el ejemplo, el modelo de vida que les damos, el tipo de relaciones que establecemos con los demás, el estilo de convivencia.
La coherencia entre lo que decimos y hacemos resulta fundamental, pero muchas veces observamos un panorama contrario, como estos ejemplos: “no mientas” y sin embargo nos descubren en varios engaños; “respeta”, pero gritamos, usamos palabras que ofenden, pasamos por encima del otro; “acepta las diferencias” y nos ven discriminando al que es diferente, al que piensa de otra manera, al que tiene otro estilo de vida; “hay que controlarse”, pero desbordamos al hablar, comer, tomamos alcohol en exceso, etc. ; “es bueno comunicarse” y llegamos a casa, saludamos y cada uno a su rincón con su ipot, ipat, etc. “sé independiente” y escogemos por ellos, sobreprotegemos.
El respeto y la autoridad moral se gana cuando, como padre,  asumo mis responsabilidades, acepto y corrijo mis errores,  lo que hago coincide con lo que digo, respeto lo que otras personas piensan, sienten, deciden, cuando comparto.

Margarita Arboleda B.
Psicóloga-Psicoterapeuta
Miembro del Equipo Directivo

www.centrodeasesoriapsicologicatikay.com/

lunes, 2 de mayo de 2016

El ABC de los padres separados


Cada vez más encontramos a padres que deciden separarse, incluso después de varios intentos de recuperar ese amor conyugal, culminan con el rompimiento de su relación. Es entonces, cuando escuchamos expresiones que revelan sentimientos encontrados de dolor, angustia, rencor, ira y pena, llegando en ocasiones a la depresión.
En efecto, una de las mayores crisis que atraviesa la familia es la separación de los padres, y los hijos experimentan estados profundos de sufrimiento. Por eso los vemos, vulnerables, desconcertados, tristes por la pérdida de uno de los padres, desilusionados de la imagen idealizada del padre o madre, con miedo a ser abandonados, con sentimientos de soledad, culpa por sentirse responsables de la ruptura, así como con rabia que puede verse reflejada en una mala conducta en el colegio o en casa.

¿Qué hacer
-Reconocer que no es fácil enfrentar al mismo tiempo la ruptura de pareja y hacer el trabajo de padres.
-Brindar a sus hijos (ambos padres) la explicación sobre la decisión de separarse, buscando una ocasión en la que estén relativamente tranquilos para hablar con claridad y honestidad, evitando comentarios que pueda ocultar la verdad o generar expectativas.
-Escuchar sus preguntas y preocupaciones, propios de la situación, dándoles confianza, seguridad y tranquilidad en las respuestas.
-Manifestar que el amor y cariño hacia sus hijos no se va alterar con la separación y que por siempre seguirán contando con  papá y mamá.
-Lograr  entre los padres una relación de respeto y comunicación centrada en sus hijos.
-Evitar las discusiones y pleitos cuando sus hijos están presentes, recordando que a más conflictos perciban, mayores dificultades tendrán para adaptarse a la nueva situación.
-Continuar coordinando los temas de disciplina, salud, aporte económico, visitas, viajes, entre otros.
-Facilitar el acercamiento del progenitor que no vive con los hijos.
-No hacer comentarios negativos, hostiles y despectivos uno del otro.
-No usar a sus hijos como mensajeros, árbitros o como un instrumento de presión.
-Cumplir las promesas, disculparse y explicarles cuando no les sea posible hacerlo.
-Mantener en lo posible las rutinas de sus hijos.
-Conservar intactos el mayor número de vínculos con los abuelos, tíos y primos, intentando que sea constante las relaciones.
-Tomar en cuenta que todo PROCESO DE SEPARACIÓN ES UN DUELO, tanto para los padres como para los hijos.

Ivonne Santiváñez Pineda
Psicóloga-Psicoterapeuta

Miembro del Equipo Directivo

                                        www.centrodeasesoriapsicologicatikay.com

lunes, 4 de abril de 2016

Los Abuelos como Maestros

Cuando pensamos en abuelos y nietos varias preguntas se nos vienen a la mente: ¿qué significa ser abuelo?, ¿cómo asumen los abuelos este nuevo papel en la vida?, ¿qué expectativas tienen sus propios hijos hacia ellos como abuelos?, ¿qué significa para los nietos tener abuelos? Y como éstas muchas preguntas más.
Entramos en un mundo realmente interesante y muy rico porque se juegan muchos afectos, ilusiones, responsabilidades, que se van tejiendo día a día en la relación entre abuelos y nietos.
En esta línea pensar en los Abuelos como Maestros, podemos decir que sí es una función del ser abuelos, porque éstos llegan a ser unos verdaderos Maestros de la Vida, son ellos quienes enseñarán a sus nietos la continuidad de la existencia, les transmitirán los valores familiares, las costumbres propias, así como también les presentarán la época en la que ellos fueron niños, jóvenes, adultos y tuvieron sus propios hijos.
El ser abuelos les brinda a las personas un nuevo motivo para su existencia y cuando pensaban que ya habían terminado todas sus funciones, les llega de pronto otra, que los llenará de ilusiones y sentirán lo importante que son tanto para sus hijos, pues siguen siendo padres, como para sus nietos, que ven en ellos a unas personas que los aman incondicionalmente, que disfrutan de su compañía, que tienen tiempo y disposición para pasarse largas horas, ya sea contando un cuento, inventando historias y juegos, preparando galletitas, construyendo juguetes que no funcionan con pilas, pero que les permitirá tener una relación cara a cara con el abuelo o abuela y gozarán el momento de la preparación, ya sea del postre, o del nuevo juguete, como una cometa por ejemplo y celebrarán juntos el resultado final de su tarea.
Es una etapa hermosa de la vida, en la que los nietos disfrutarán y se enriquecerán con la compañía de sus abuelos.

Carmen Fernández Gonzales
Psicóloga-Psicoterapeuta

Miembro del Equipo Directivo